Lugares comunes
Con la mitad de mis cosas en cada piso, el acto de nombrar mi casa me trae una ligera sensación de desarraigo. El nuevo es más libre y práctico. Es una decisión sin muchas dudas. Los recuerdos no van a perderse, pero los rincones que los evocan ya empezaron a desaparecer en grandes cajas. Vuelvo a pensarlo cada día, veo las ventajas más claras, y me cuesta marcharme igual.

