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Sunday, April 19, 2009

Como niños

Di al Señor: Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti
.
Que él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta,
te cubrirá con sus plumas,
te refugiará bajo sus alas.
(salmo 91)

David acierta al usar una imagen maternal como invitación a desprenderse de la angustia. Promete algo inmenso. Salvación del terror, de la impotencia, de la muerte, de los poderes oscuros, del caos y del sinsentido.

4 comments:

María Inés said...

pero si este niño superó el miedo a la oscuridad podría armarse el mismo su refugio

saludos.

nomecentro said...

Los pueblos hermanos semitas que superpoblaban el próximo oriente eran implacables ante la vida ajena. Debían su existencia a cualidades guerreras en un medio muy hostil. Los habitantes anteriores de la tierra prometida no tuvieron la oportunidad de ser desplazados a la llegada del pueblo elegido. Dejar de ver la ayuda al necesitado como un desperdicio de recursos parecía lo contrario a lo que se necesitaba para sobrevivir. No muchos aceptan la idea del miedo como un recurso básico que nos conforma.

nacho lillo said...

vaya! todo lo que más me interesa a mi, David no sabía lo que es echar un buen polvo

nomecentro said...

Buen ejemplo de relativismo moral y ejemplaridad discutible como para incluirse en libros sagrados. David fue famoso por procurar la muerte del esposo de Betsabé, que le dio uno de sus 14 hijos, Salomón, décimo en orden sucesorio pero que se libró de obstáculos como la vida del primogénito Adonías. El harén de Salomón tenía más de 1.000 mujeres que a lo mejor no eran suficientes porque se unía por diversos ritos con la hija favorirta del faraón y con la reina de Saba. Las mujeres eran una especie de tributo. Algunas jóvenes se recibían en la ancianidad del rey y en época de fogosidad del príncipe, que acababa heredando todas las vidas y haciendas.